Metáfora, símbolo y alegoría.

Museo de Arte Costarricense.

Exposición curada por la Lcda. María Enriqueta Guardía Yglesias

Noviembre 2020- Enero 2021

(óleos- oil paintings)

Teléfono: 506 2256 1281   

Horario: De martes a domingo de 9 am a 4pm

Mejor llamar para obtener cita de visita.

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Puede hacer click en la imagen para ver el video del Facebook Live en la página del Museo. Con la participación y comentarios de doña María Enriqueta Guardia Yglesias, y de la directora del Museo, doña Sofía Soto-Maffioli.

Metáfora, símbolo y alegoría.

Carmen Borrasé

Por Lcda. María Enriqueta Guardia Yglesias

 

 

La obra artística de Carmen Borrasé está cargada de alusiones y significaciones. Es narrativa y simbólica a la vez, recurre a la alegoría, a la metáfora y a diferentes recursos plásticos que la artista conoce a la perfección y maneja con maestría.

 

Es evidente que la artista utiliza en sus obras un lenguaje cotidiano, pero trata de darle una nueva significación, con recursos metafóricos diversos y mediante la utilización de la pintura al óleo como medio de expresión.

 

Así como en la literatura, las metáforas están intrínsecamente vinculadas a los textos o el mismo texto se transforma en una gran metáfora, así también podemos observar cómo  estas imágenes artísticas vinculan patrones experienciales de un dominio con otro menos conocido. Sus pinturas generalmente ponen al descubierto significados ocultos y dicen más de lo que el ojo ve o la mente adivina.

 

En su metáfora plástica encontramos un sentido vital, con ella incursiona en los sentimientos, en las relaciones de pareja, en el amor filial y materno, en la ausencia y la lejanía de sus seres queridos y en muchos otros aspectos que son parte de sí misma y de lo que la rodea. Para entenderlo, debemos considerar la personalidad de la artista y su contexto. Carmen Borrasé es una mujer espiritual, pero al mismo tiempo pragmática, culta, llena de intereses y muy aguda. Sin embargo, creo que hay un detalle que no se nos debe escapar,  desde pequeña, y sin darse cuenta, creció viendo en la sala de su casa una obra de su abuelo que es una alegoría, “El telón”. Esta pintura es en sí, una metáfora a las artes, al doble juego del teatro, a lo oculto y lo visible, pero al mismo tiempo un contrapunto entre la belleza estética y el dominio técnico; esa pintura debe haberla marcado tal vez más de lo que ella imagina, no sólo por su significado, sino también en lo estético y lo formal.

 

Las funciones simbólicas de esos objetos utilizados por Borrasé en sus obras, posiblemente comienzan como expresión de estados internos, como objetivación de actitudes y deseos o como respuesta al mundo exterior, como cuando pinta un cuadro en homenaje a su hijo Joel. “La luna y una pluma blanca, vuelo hacia la luna en nuestra imaginación. La tela fluida azul, la noche, el mundo de los sueños.”1 

Cada uno de los objetos aparentemente independiente, en el conjunto de la obra, se relacionan entre sí como un todo y a su vez, estas unidades espaciales no son imágenes solamente, sino que tienen un significado que debemos descifrar y es así como la artista, a través de este juego intelectual, siempre establece un diálogo con el espectador. “Crea una realidad que nos exige descubrir el oculto sentido para transformarlo en presencia sensible”2. A su vez, los títulos de las pinturas las convierte en una clave para el que contempla la obra, una especie de acertijo que debe resolver. 

Y en este punto, Carmen Borrasé nos plantea algo realmente interesante y novedoso, ella considera que el significado más importante de la obra plástica, no es aquel que el artista le imprime, sino aquel que el espectador exprime del mismo y, en este sentido, la obra es, el vaso comunicante que une ambos extremos, el artista y el interlocutor. “ El observante crea su propia interpretación del trabajo, relacionándolo con su experiencia personal, dándole así, un significado propio, significado que en ese momento pasa a ser, el único significado que realmente debería de importar”3.

Carmen nos comenta que los elementos u objetos que utiliza en su pintura los escoge porque los encuentra significantes y eso le ayuda a expresarse. Así las bolsas y los paquetes le dan la sensación de los recuerdos o estados mentales que se esconden, que se guardan en lo más profundo, pero también de lo que cargamos. “El tema del bagaje que arrastramos refleja apropiadamente el caos que llevamos adentro, por todas partes, pero del que nunca hablamos y el que pocas veces notamos”.4

Las telas, son símbolos de sus pensamientos y sentimientos que en cierta forma puede acomodar a su gusto. Así, estos textiles los usa en algunas ocasiones como sustitutos de figuras humanas, dándoles vida y energía. También el color, como memoria sensorial,  puede referirnos al cielo, a la vegetación o al amor-pasión que surge de las voluptuosidades cromáticas. En otras ocasiones, ella nos narra que, “A veces son como cortinas que esconden nuestros pensamientos secretos, como los cortinajes de escenarios que esconden los momentos privados de los actores durante el intermedio”5. Este comentario de la artista está íntimamente relacionado a los recuerdos de una pintura de su abuelo Tomás Povedano y que comentamos anteriormente.

Para Carmen Borrasé, los cielos, las nubes, los paisajes y el agua, tienen generalmente una connotación un tanto dramática y, lejos de utilizarlos como un recurso retórico meramente decorativo, logra que ellos nos produzcan la sensación de un mundo al que estamos acostumbrados, haciéndolo más claramente reconocible.

Los sellos de correo y las cartas son para Carmen un tanto dicotómicos, ya que pueden representar tanto la comunicación, como la ausencia de la misma. Las cartas, papeles y escritos, son un elemento poderoso en la obra de esta artista, ya que significan el poder compartir sentimientos y pensamientos, pero al mismo tiempo la ausencia total de estos, por eso a veces estas vuelan, se rasgan o quedan olvidadas en un rincón. Es tanta la importancia que la artista da a la escritura, que a partir del año 2000 introduce imágenes de notas auto-adheribles en las que escribe mensajes, que muchas veces, son el título de la obra misma y de esta manera, la artista invita al público a participar, ya que considera que las palabras son tan poderosas como la imagen misma. 

Los verdaderos mensajeros entre lugares, cosas y personas, están representados en la obra de esta artista, por alas, o seres alados, pero principalmente por simples y frágiles plumas. Mediante el símbolo, escapa al complejo mundo inmediato y en el símbolo, pienso que combina experiencias pasadas y proyecta nuevas posibilidades de vida.

Si estudiamos la obra plástica de Carmen Borrasé, nos daremos cuenta que la comunicación a través de la metáfora que ella utiliza, no puede quedar reducida al mundo de la ficción y separada de la realidad. Entonces constataremos que la artista traslada a las pinturas; sus vivencias, sus sensaciones, sus sentimientos e incluso sus sueños. También podemos constatar, que es realmente la soledad, el eje temático vertebral en su obra.

El año 1986 vio nacer a una novel artista, Carmen Borrasé, quien se lanza en una aventura unipersonal, exponiendo en la Galería de Arte José Figueres del Banco Popular. Ella llamó Realidades a esa muestra. De ese momento en adelante, su nombre empieza a sonar en los medios periodísticos de entonces y es invitada a participar en numerosas exposiciones. Debemos acotar que, ya en esta época, la artista destacaba por manejar una técnica impecable y ricos recursos plásticos.

Para ese momento, también contaba con un estilo muy personal que había adquirido después de haber participado en exposiciones colectivas, con un grupo de jóvenes que se hacían llamar “Nueva Pintura de Costa Rica”. Es importante hacer notar que ya desde ese entonces la artista empieza a utilizar una figuración muy detallada al pintar, ya que percibe que esta visión crea una conexión instantánea con el observador. 

Cuando se traslada a vivir a los Estados Unidos su vida artística continúa y sigue exponiendo alternativamente aquí y allá, lo que le permitió, en parte, mantener sus raíces costarricenses y que sus hijos absorbieran  nuestra identidad.

Con la exposición –De Los Paquetes que Jalamos–, que realizó primero en la galería del Linfield College en Oregón y luego, en la Galería Valanti de Costa Rica en el 2001, Carmen Borrasé obtiene el Premio Nacional Aquileo Echeverría en Pintura.

A partir de un momento dado, en sus obras hay señales y símbolos que parecen expresar la realidad personal, son metáforas que brotan para ilustrar las circunstancias de desamor, alejamiento o problemas con su pareja. Su matrimonio terminó en esa etapa y ella regresa a Costa Rica, para volver a partir, cinco años después hacia McMinnville, una bella y pequeña comunidad amada por Carmen y sus dos hijos. Sin embargo, sus viajes constantes al país, la han mantenido en frecuente contacto. Ese ir y venir  como un ritornelo, es una de las circunstancias que se refleja en las obras de varios períodos.

Aunque la artista ha incursionado en otros campos, su interés principal, desde que era una niña, ha sido la pintura y se dedica a ella con tesón, en su estudio en el centro de McMinnville. Ahí también guarda en vitrinas y muy ordenados, todos esos pequeños tesoros que ha ido coleccionando a través de su vida y que son objeto de atención en sus pinturas. 

Los ricos recursos plásticos utilizados por la artista y una técnica impecable, son dos de las características más sobresalientes de la pintora.

Carmen Borrasé nos describe de la siguiente manera el cómo manipula pinceles y pigmento: “Utilizo casi exclusivamente pintura al óleo sobre lona preparada. Me gusta así, porque este método me da un poco de tiempo antes de su secado, lo que me permite, asegurarme de que ese espacio trabajado quedó bien antes de dejarlo secar. También, me gusta el brillito, apenas satinado del óleo ya seco, y por supuesto su olor, que me trae siempre tan buenos recuerdos”6.

El uso de telas en su obra es un recurso pictórico que además de ser muy atractivo y maleable, ejerce fascinación en la artista que, aparentemente lo tiene fijado en sus pupilas desde que extasiada miraba los cortinajes y telones que se destacaban en un cuadro colgado en la sala de su casa. Le interesa el  estudio de los pliegues de las mantas, también relacionarlas entre sí, entrelazarlas, y anudarlas. En una de sus etapas pictóricas, antes del año 2000, esos textiles  son suaves, etéreos y reposan indolentemente de forma casi poética, sobre las superficies. “En sus primeras obras simbólicas, el telón se convertía en el actor principal, hoy las telas son un elemento más de los muchos que utiliza para crear y a veces sólo sugeridas en citas y trozos pequeños”.7

La pintura de esta artista es considerada por la subdirectora del Museo de Arte Costarricense de la época, como “de carácter académico, en donde los estudios minuciosos de luz, sombra y color constituyen una gran escuela para afinar el dominio de la técnica”.8

Carmen Borrasé tiene una manera sui géneris de pintar. Al concebir una obra y, antes de hacer un croquis de la misma o un boceto, primero monta un escenario en el que, a la manera de un teatro, emplaza los elementos, estudia ángulos, las zonas visuales a las que les va a dar énfasis y lo ilumina para crear los contrastes de luz necesarios. Así, con ese teatrino montado, comienza su aventura pictórica dibujando con lápiz de grafito sobre el lienzo, pero sin hacer detalles. 

 

Después, al iniciar a utilizar el color, y según ella nos cuenta, lo primero que hace es pintar el fondo de la imagen hacia los elementos y áreas del frente del modelo planteado. Nos comenta, además, que la luz y la sombra las realiza al mismo tiempo, terminando cada área en una capa y asimismo en una sola sesión. Es interesante, que, al contrario de muchos pintores, resuelve el claroscuro por secciones, con los valores oscuros y claros colocados antes de continuar con el área siguiente.

La pintura de aceite que utiliza, la trabaja de manera opaca, sin veladuras; por lo general hasta el borde de cada elemento o sección y, tratando de captar la esencia de las formas y todos los atributos que las acompañan. 

 “Yo no pretendo hacer las imágenes de mis cuadros hiperrealistas, pero sí me gusta que den una primera impresión de realidad, por lo que trato de mantener la escala en la que represento cada elemento muy cercana a su tamaño natural. Además, le doy a cada elemento un borde bien marcado, ya que cada uno tiene un papel definido en la idea general. Prefiero utilizar lo que llamo, figuración detallada, para reproducir los elementos de mis cuadros, porque he notado que esta visión crea una conexión inmediata con el observador”9. 

 

Añade que, para ella, es muy entretenido pintar engañando la vista utilizando la antigua técnica del trompe-l'œil. Según el profesor de arte en Linfield College Nils Lou “su habilidad pictórica aumenta la ilusión de realidad y nos engaña a pensar que las pinturas son solamente “bodegones”.

Si bien el género utilizado por Carmen Borrasé es aparentemente el bodegón, vemos que, es la alegoría, la que se manifiesta con potencia y, en estas, la soledad y la comunicación, terminan siendo los ejes temáticos más dinámicos. 

Además del carácter metafórico o simbólico de estos, los bodegones son puestas en escena que utilizan recursos teatrales y exhiben una serie de planos de lectura. Son, además, experiencias visuales en las que el virtuosismo es evidente.

Aunque un bodegón es un retrato de las cosas, ella capta la vida interior de los objetos, creando metáforas y alegorías y, esas formas responsables de la escena, pueden devenir palabra y también llegan a tener un doble significado, como cuando le preguntaban a Carmen, por el género de pintura de Atticus Hotel. La respuesta  que dio y que se acercaba mejor a su intención, fue que era un retrato del pueblo McMinnville en forma de bodegón. 

Algunos de los títulos de las obras de Carmen Borrasé incluyen proverbios, dichos y citas. Ella dice que atesora estos decires porque, además de contener una verdad intrínseca en ellos, nos hablan de nuestro pasado y son al mismo tiempo la expresión de la sabiduría popular; como también lo son los objetos que utiliza la artista en sus obras. Candelas, amarras, medallas, fotos, muñequitos plásticos de súper-héroes o angelitos y son en sus propias palabras: “relicarios usados para ampliar la idea principal de cada trabajo, son depósitos de la humanidad de donde yo saco energías”10. 

 

Aunque la artista ha vivido mucho tiempo en los Estados Unidos y de cierto modo eso la condiciona, lo cierto es que también está muy arraigada a lo nacional pero su lenguaje plástico es universal.  

 

En cuanto a la utilización del inglés y el español en los títulos de las obras, lo justifica ya que ella dice haber estado viviendo en esos dos mundos tan diferentes y eso refleja directamente su experiencia. Pero, además, nos relata que cada una de esas dos lenguas tiene modismos expresivos muy ricos y variados para poder expresar un sentimiento o una situación y, es por esa razón, que utiliza uno o el otro indistintamente.

 

Las pinturas y la metáfora visual de esta artista, invita a la reflexión porque el uso simbólico en la comunicación implica un contenido y la transmisión de un mensaje –ya sea de forma sutil o mas directa– es siempre necesario.

Podemos concluir que la obra de Carmen Borrasé se sustenta en la construcción de un discurso plástico que buscó y encontró a través de su vida artística. Para lograrlo, utiliza recursos pictóricos que conoce a la perfección y maneja con maestría. Sin embargo, en ese devenir, no ceja de utilizar símbolos y metáforas, aquellas que son, en esencia, un despliegue de belleza, un desafío a la inteligencia y que le han dado alas para volar.

 

 

María Enriqueta Guardia Yglesias

22 de julio 2020

    

 

 

 

Bibliografía

- Alfaro, Lucrecia. Sf. El Diario de Carmen, La memoria de los objetos. Estilos y Casas. Año 4, Número 3. Pág. 45

- Borrasé, Carmen. 2000. Texto en folleto de exposición de Galería Valanti 

- Borrasé, Carmen. 2020. Mi trabajo como yo lo veo, escrito enviado a M.E.Guardia

-Cháves González, Ariel. 2000. Abanico, La Prensa Libre, Pág. 8 

- Ferrero, Luis. 1986. Texto sobre Carmen Borrasé. Escrito a máquina 

- Guardia Yglesias, Ma.Enriqueta. Entrevistas a la artista realizadas en diferentes correos electrónicos. Desde enero 2019 hasta el 20 julio del 2020. 

- Guardia Yglesias, Ma.Enriqueta. Visitas primero y llamadas posteriores, a los coleccionistas realizadas desde marzo del 2019 hasta junio del 2020. 

- Lou, Nils. 2000. Comentario en folleto de exposición 

- Ramsey, Violeta. 2000. Carta a Carmen Borrasé. Oregon 

- Salazar, Hazel.1987. La pintura de Carmen Borrasé. Pensamiento Centroamericano, Pág. 36

- Sotela, Mariamalia. Bajorrelieve de la conciencia. Ancora, La Nación. Sin Pagina  

1 Reseña que elabora la artista para el cuadro “Está servido. Fly me to the Moon. Come Dream with me” 2020.

2 Comentario realizado por Luis Ferrero en 1986

3 Comentarios de Carmen Borrasé enviados a maría E. Guardia. “Mi trabajo como yo lo veo”.

4 Carta enviada por Violeta Ramsay, profesora mexicana, a Carmen Borrasé . 2000

5 Texto de la artista en la exposición en Galería Valanti en el año 2000

6 Comentario escrito de Carmen Borrasé, enviado a María E. Guardia, 2020

7 Texto de Lucrecia Alfaro en Revista Estilos y Casas. Sf.

8 Escrito de Hazel Salazar, sub directora del Museo de Arte Costarricense. 1987

9 Texto de Carmen Borrasé intitulado, “Mi trabajo como yo lo veo”. 2020

10 Incluido en el texto de Carmen Borrasé enviado en el 2020

STUDIO 1140 NW WINTERWOOD LOOP, MCMINNVILLE, OREGON - 97128 - USA BORRASECARMEN@GMAIL.COM

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